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Cuando las rabietas son muy frecuentes, intensas o parecen ir a más, es importante entender qué está pasando y cómo acompañar a tu hijo.
Las rabietas forman parte del desarrollo infantil.
Especialmente entre los 2 y los 6 años, es normal que los niños se enfaden, lloren o se desborden emocionalmente.
Pero hay momentos en los que las rabietas dejan de ser algo puntual… y empiezan a generar preocupación, agotamiento y dudas constantes en los padres.
Si alguna vez has pensado:
“Esto se me está yendo de las manos”
no estás solo/a.
En esta etapa, los niños:
Aún no saben gestionar bien lo que sienten
Se frustran con facilidad
Necesitan al adulto para calmarse
Las rabietas suelen aparecer:
Cuando tienen sueño o hambre
Cuando algo no sale como esperan
Cuando se les pone un límite
Y, aunque son intensas, poco a poco van disminuyendo si el entorno les ayuda a regularse.
Hay ciertas señales que indican que puede ser necesario mirar un poco más allá:
Rabietas muy frecuentes (varias veces al día)
Episodios muy intensos (gritos, golpes, pérdida total de control)
Dificultad para calmarse incluso con ayuda del adulto
Rabietas que duran mucho tiempo
Impacto en la vida familiar o en el colegio
Sensación constante de que “nada funciona”
Si te ves reflejado en varios de estos puntos, no significa que haya algo “mal” en tu hijo, pero sí que necesita una forma diferente de acompañamiento.
Cuando las rabietas se repiten, es normal que los padres prueben distintas estrategias:
Gritar o castigar
Ceder para evitar el conflicto
Intentar razonar en pleno enfado
Ignorar completamente lo que está pasando
El problema es que, aunque a corto plazo pueden funcionar, a largo plazo suelen aumentar la intensidad o la frecuencia de las rabietas.
Los niños no necesitan que eliminemos sus emociones, necesitan aprender a transitarlas.
Algunas claves importantes:
✔️ Mantener la calma (aunque no siempre sea fácil)
✔️ Validar lo que sienten sin justificar la conducta
✔️ Poner límites claros y coherentes
✔️ Acompañar sin sobreproteger
✔️ Anticipar situaciones que suelen generar conflicto
Este aprendizaje no ocurre de un día para otro, pero con el acompañamiento adecuado, los cambios llegan.
A muchos niños les resulta más fácil entender lo que les ocurre cuando se les explica a través de historias.
Los cuentos terapéuticos permiten:
Poner nombre a lo que sienten
Identificarse con lo que les pasa
Aprender nuevas formas de actuar
Por eso, apoyarte en recursos que trabajen la gestión de la rabia puede ser un buen primer paso para empezar en casa.
Hay momentos en los que, por mucho que lo intentes, sientes que la situación te supera.
Y es completamente normal.
Pedir ayuda no significa que lo estés haciendo mal, significa que quieres hacerlo mejor.
En consulta, trabajamos con los padres y con el niño para entender qué hay detrás de esas rabietas y dar herramientas claras y adaptadas a cada familia.
Si sientes que las rabietas de tu hijo te desbordan o no sabes cómo gestionarlas, puedes empezar a trabajarlo acompañado.