Te atendemos en Madrid (Hortaleza) | Cita: 650307536
Descubre cómo ayudar a tu hijo si le cuesta separarse de ti. Pautas claras para acompañarle con calma, seguridad y confianza.
Hay niños a los que las despedidas les cuestan mucho.
Lloran al entrar al colegio, se agarran fuerte a mamá o a papá, piden que no te vayas o se quedan muy nerviosos cuando llega el momento de separarse. Y al otro lado suele haber madres y padres que no saben muy bien cómo actuar: si quedarse más tiempo, si irse rápido, si insistir, si calmar o si preocuparse.
Si te está pasando esto, lo primero que quiero decirte es algo importante: no estás solo. Y tu hijo no lo está haciendo “mal”.
En muchos casos, la dificultad para separarse forma parte del desarrollo emocional. La buena noticia es que se puede acompañar de una forma respetuosa, calmada y segura, ayudando al niño a ganar confianza poco a poco.
Sí, en muchos casos puede ser completamente normal, especialmente en determinadas etapas del desarrollo.
Entre los 2 y los 6 años, muchos niños todavía están construyendo su sensación de seguridad cuando no están junto a sus figuras de apego. Para algunos, la separación se vive como un momento de incertidumbre: no saben bien cuánto durará, no tienen todavía recursos suficientes para regular lo que sienten o simplemente necesitan más tiempo y más apoyo para adaptarse.
Eso no significa que haya que ignorarlo ni dramatizarlo. Significa que conviene entender qué está pasando y acompañarlo de una forma que le ayude a sentirse cada vez más seguro.
Cada niño es diferente, pero detrás de una separación difícil suele haber una combinación de factores emocionales y situacionales.
A veces tiene que ver con una mayor sensibilidad o con un temperamento más inseguro. Otras veces influyen cambios recientes, como empezar en un colegio nuevo, una mudanza, el nacimiento de un hermano, una etapa de enfermedad, más tensión en casa o cualquier situación en la que el niño haya necesitado más cercanía y seguridad.
También puede ocurrir que no sepa poner en palabras lo que siente. Entonces lo expresa con llanto, bloqueo, enfado o mucha dependencia en el momento de la despedida.
En general, no suele necesitar largas explicaciones, sino sentirse acompañado de una forma más predecible, más calmada y más segura.
Cuando vemos a nuestro hijo sufrir, es natural intentar hacer algo para aliviarlo cuanto antes. Pero algunas respuestas, aunque nacen del cariño y la preocupación, pueden hacer que ese momento se viva con más angustia.
Por ejemplo, alargar mucho la despedida suele aumentar la tensión. Irse sin avisar para que “no lo pase mal” puede generar más inseguridad. También puede empeorar la situación transmitir duda, enfado o exceso de preocupación, porque el niño percibe que realmente hay algo amenazante en ese momento.
A veces, sin darnos cuenta, intentamos convencerle demasiado, negociar durante mucho rato o prometer cosas poco realistas. Y aunque se hace con buena intención, esto suele dificultar que el niño construya una sensación interna de seguridad.
Hay formas sencillas de acompañar este proceso que pueden marcar una gran diferencia con el tiempo.
Los niños se sienten más seguros cuando saben qué viene después. Puedes explicarle con frases simples quién le lleva, qué va a ocurrir, quién estará con él y cuándo volverás.
Un abrazo, un beso, una frase concreta y despedida. Siempre parecido. Cuando el ritual se repite, el niño empieza a reconocerlo como algo predecible y eso le da seguridad.
Frases como “sé que ahora te cuesta”, “entiendo que estés nervioso” o “estamos aprendiendo” ayudan mucho más que quitar importancia a lo que siente o enfadarse con él.
Validar no es alimentar la angustia. Es ayudarle a sentirse acompañado mientras atraviesa ese momento.
Cuanto más se alarga una despedida, más oportunidades hay de que aumente la tensión. Una despedida breve, clara y consistente suele ayudar más.
En algunos casos puede ayudar llevar algo simbólico que le conecte contigo: una pulsera, un dibujo, una nota pequeña o cualquier objeto sencillo elegido juntos.
Tu hijo necesita notar que comprendes su emoción, pero también que confías en que puede aprender a afrontar esa separación poco a poco.
No se trata de exigirle que no llore, sino de acompañarle de manera que cada vez necesite menos ayuda para sentirse seguro.
Aunque muchas dificultades de separación forman parte del desarrollo, conviene consultar cuando el malestar es muy intenso, dura demasiado tiempo o interfiere claramente en la vida diaria del niño y de la familia.
También puede ser buena idea pedir ayuda si las despedidas se han convertido en una fuente constante de sufrimiento, si en casa os sentís desbordados o si percibes que esta dificultad viene acompañada de otros signos de ansiedad.
A veces, pequeños cambios en la forma de acompañar al niño marcan una gran diferencia. Y otras veces conviene entender un poco más a fondo qué hay detrás para poder ayudarle mejor.
Por eso, apoyarte en recursos que trabajen la gestión de la separación puede ser un buen primer paso para empezar en casa.
Además del acompañamiento diario, a muchos niños les ayuda contar con recursos adaptados a su edad que les permitan entender lo que sienten de una forma sencilla.
Por eso he creado un nuevo cuento de la colección Las herramientas mágicas de Pedro, pensado para ayudar a madres y padres a acompañar este momento con más calma, más seguridad y más confianza.
Está dirigido a familias con niños de 2 a 6 años e incluye una historia cercana, estrategias sencillas y actividades prácticas para reforzar en casa.
En AMRA Psicología acompañamos a familias que necesitan comprender mejor lo que está pasando y encontrar herramientas prácticas para vivir estos momentos con más calma y seguridad.
Si sientes que este tema os está costando y necesitas apoyo, puedes ponerte en contacto con nosotros.